Crónica · 12 min de lectura
Nuestro viaje a Londres
Papá y yo iniciamos la tradición de los viajes padre/hija hace casi 10 años… cuando por fin se convenció que Mamá ya no tenía salud ni humor para acompañarlo.
Este viaje a Londres es especial por varias razones. Para Papá, significó cumplir su sueño de asistir al torneo de tenis de Wimbledon. Para mí, es regresar a la ciudad donde estudié hace 25 años la maestría, mi primera vez viviendo sola y fuera de México. Para los dos, es importante superar el susto de la enfermedad de papá, al final de nuestro viaje a España en 2022.
Martes 2 de julio
Llegamos a Heathrow el martes 2 de julio. Nos recibió un “fine English weather”, un tarde gris y húmeda. Un típico taxi londinense, el “Black Cab”, nos llevó al flat que por una semana será nuestro hogar… Esta en Gloucester Place, al noroeste de la ciudad. Lo escogí ahí, cerca de mi universidad, para sumergirme por completo en los lugares de los años que cambiaron mi visión de la vida para siempre.
Estamos muertos de hambre, y salimos a buscar dónde comer. Entramos a un restaurante hindú, que, en mis tiempos por el rumbo, siempre me pareció muy elegante y fuera de mi presupuesto de estudiante… Ahora que lo veo por dentro, con alfombras mullidas y personal atendiendo en jeans, contrasto cómo ha cambiado mi mirada en 25 años. Cenamos un menú vegetariano acompañado de ricos “Mango Lassi”, una delicia bebida típica hindú. Rematamos el día en “El Globe”, un pub del barrio, con nuestras primeras cervezas, para mimetizarnos con los hábitos locales.
El día se va acabando, aunque el sol no termina de desfallecer hasta después de las 10 de la noche. Todavía emocionados por la llegada, regresamos a casa, a tratar de dormir el jetlag.
Miércoles 3 de julio
Despertamos cansados, pero desayunar un delicioso té “with a cloud of milk” acompañados de los biscuits con chocolate tan ingleses que añoraba con locura, nos llenaron de energía. Nos acercamos al metro, compramos nuestro pase de viajero, el Oyster Card. Me emociono de volver a usar esas escaleras empinadísimas y veloces que bajan a los intestinos de Londres, con cuadros de obras de teatro y comerciales con frases de humor muy inglés.
Nuestra primera parada es Leicester Square, en el centro de Londres. Una vez ahí, nos integramos a nuestro nuevo clan, el de los turistas.
Caminando por China Town, llegamos a la National Gallery, en el corazón de Trafalgar Square. Vamos aprendiendo los trucos para visitantes de la tercera edad, buscando entradas con concesión, rampas y elevadores… Pronto estamos en nuestra sala favorita del museo: la de los impresionistas.
Esta época del arte siempre han fascinado a Mamá, y he visto en reproducción sus obras más famosas en casa de mis papás. Regresar a verlos otra vez, se siente como visitar a viejos amigos… Nos aseguramos de que siguen bien, siguen queridos, luminosos y admirados por todos.
Comimos en un restaurante italiano cerca del museo. Nos llama la atención que retumba al ritmo de Shakira y Maluma; la misma música rumbera que escucha mi hija en casa. Me llama la atención encontrar en un rinconcito del local una foto de Lady Di, que después de más de 25 años de haber fallecido, sigue siendo una figura idolatrada.
Nos decidimos a caminar hacia el Támesis. Pasamos por la Guardia Montada, donde hoy tienen oficiales mujeres y de color… Es un cambio bienvenido a la tradición inglesa de tanto rigor. Llegamos a los cuarteles de Winston Churchill.
Es una visita peculiar, un tanto sombría, el entrar a lo que parece a un set de película de la Segunda Guerra Mundial. Nos transportamos al centro de decisiones de una guerra que le costó 70 millones de vidas al mundo… Lo que más disfruto de la visita es escuchar la Historia de la voz de Papá, que es una verdadera enciclopedia. Me cuenta este periodo de la historia, mezclando datos históricos con anécdotas de vida de estos personajes… Y las salpica de sus propios recuerdos de niñez de este mismo periodo. He oído mil veces sus historias, y, sin embargo, las atesoro siempre.
Regresamos a casa, donde salimos a cenar un poco más tarde a Pizza Express, una franquicia muy querida por los ingleses.
Jueves 4 de julio
El día es espectacular: cielos azules y temperatura en los bajos 20; perfecta para visitar esta ciudad que no se reconoce bajo el sol. Nos decidimos por un crucero en el Támesis, para ver a Londres desde una nueva perspectiva. Embarcamos en Westminster. El tour lo llena de anécdotas un guía muy chistoso, lleno de anécdotas irrelevantes de la ciudad, como dónde vive Cher o Ian McGregor.
Desembarcamos en Greenwich y paseamos un poco. El observatorio no está tan cerca, por lo que nos decidimos a visitar al Cutty Sark, un barco de té que le dio múltiples vueltas al mundo trayendo a Londres tés del oriente. ¡Perfecta remate para un día tan náutico!
Regresamos a Londres y entramos a comer a un Pub. Cumplo otro antojo, pidiendo unos “Fish & Chips”. Solo faltó que vinieran envueltos en el periódico de ayer.
Dejo a Papá en casa, y me encamino a visitar a mi querida amiga Jackie en Fulham… Jackie fue mi gran amiga y mentora en mis tiempos de estudiante aquí. Me recibe como en nuestros viejos tiempos, con “Tésitos y Cakesitos”, para “echar el chal” y hablar de en dónde estamos en nuestras vidas, de amores y desamores, de los retos de la maternidad de adolescentes, de nuestras carreras. Le llevo una copia de mi libro y le gusta mucho. Veo a sus hijos ya muy crecidos….Bella hermosa, mi casi ahijada, cerrando su primer año de universidad en Durham, y a Maxi, un muchacho alegre y liviano, con su melena de chinos y alegría a flor de piel. Regreso a casa plena y llena de alegría por reconectar con una amiga tan querida.
Viernes 5 de julio
Se nos acaba la suerte del buen clima, y nos alcanza el “British Summer”, con lluvia constante todo el día…. Llama a visitar museos.
Iniciamos con la visita a la casa de Sherlock Holmes, no tanto por su interés turístico sino porque está a la vuelta de casa, en Baker Street. Interesante casa victoriana con miles de detalles a evocar el gran Sherlock Holmes y su amigo, el Dr. Watson.
Decidimos que el Tube ya no es lo nuestro y empezamos a trasladarnos en Uber. Tomamos rumbo al British Museum, donde pasamos buena parte del día. Sala egipcia obligada, pero visitamos las salas de todas las civilizaciones.
Disfruto nuestro enfoque casual a las visitas a los grandes museos. Ya hemos estado tantas veces, que ahora las hacemos como paseando en el parque. El corazón está en la conversación, que se enriquece con lo que nos rodea (La piedra rosetta, el ajedrez más antiguo del mundo o una tumba egipcia), y que nos trae nuevos temas para platicar.
Cerramos la visita en el restaurante del Museo para tomar el “High Tea”. Esta es una tradición muy inglesa, donde por la tarde, además de tomar el té con crema y scones, se enriquece con sándwiches de pepino, huevo & cress, quiches, galletas y toda clase de delicias.
Estamos deseosos de salir a caminar para bajar semejante almuerzo, y salimos bajo el abrigo de nuestras sombrillas a caminar. Recorremos el barrio de SOHO. Llegamos a Covent Garden, para encontrarnos con nuestras memorias de Eloiza DoLittle de “My Fair Lady”, cantando en una escena imaginada aquí… Encontramos otro cafesito local, ya nos está gustando esto del té por todos lados. Regresamos a casa, con una cena en casa con mis limitadas habilidades culinarias, pero dando un descanso a tanto tiempo en la calle.
Sábado 6 de julio
El clima sigue nublado, y continuamos el plan de museos. Empezamos en el Imperial War Museum, que describe la 1ra y 2nda guerra mundial. Interesante museografía, ahora los museos son mucho más interactivos y didácticos. Vimos la máquina con la que Allan Touring y su equipo crearon para decodificar mensajes alemanes.
Salimos y sigue lloviendo. Un uber nos acerca al Tate Modern, donde confirmamos que “no es lo nuestro” esto del arte moderno. Pero rescatamos la visita con una encantadora visita a su restaurante con vista a St. Paul´s Cathedral, que en esos minutos asomó un poco de sol.
Regresamos a descansar un poco. Salimos un poco más tarde y con nuestras mejores galas para encontrarnos con en un restaurante “gastro-pub”, Cheyne Walk Brasserie, en la parte más linda de Chelsea viendo al Río Támesis. Es un lugar super acogedor, un pub convertido en elegancia, flores y dieta inglesa de primera. Comimos muy rico y muy basto. Jackie nos cuenta de su vida en Londres por más de 25 años, su carrera como trader en la “City” (Centro financiero inglés). Nos da su mirada latina a la vida de los inmigrantes pudientes en Londres, y cómo se contrastan estilos…
Domingo 7 de julio
Inicio la mañana con un paseo a Regent´s Park entre gotas. Amo sus jardines con mezclas desordenadas y coloridas de flores y plantas. Veo los patos en el lago, y me rodeo de londinenses paseando sus perritos o sus bebés en carreola.
Regreso a nuestro flat, nos preparamos con calma para visitar a Ada del otro lado de la ciudad…. Un viaje de una hora a Toothing, entre callejuelas de la ciudad, para llegar a un reencuentro muy anticipado. Nos reciben Ada y mis hermosas sobrinas Asia & Iza, ya de 19 y 17 años, encantadoras, guapísimas, tiernas y platicadoras. Entre platillos polacos e ingleses, Asia nos cuenta sus experiencias en la “Uni” estudiando actuación, las clases que toma, los prospectos de carrera en Cine y Teatro en UK y en el mundo… Iza nos cuenta su interés en psicología y lo que queda de su último año de colegio antes de esta gran decisión…. Ada nos cuenta de la vida cultural en Londres, de esas joyas de experiencias como un concierto en una casa privada donde se toca en el Pianoforte que tocó Chopin, su misma obra…. Ada nos enseña su huerto, que con orgullo incluye jitoma(titos) y papas…. Hablamos de la familia polaca, de cómo están los chicos…Los tíos, todos… Hacemos una videoconferencia con Marcin en México… (y añoro el sol que se asoma en el fondo).
Regresamos a nuestro flat, y papá tiene la energía de querer salir de vuelta y comer en un “buen restaurante”. Encuentro uno italiano en la zona, muy lindo, y cerramos con una buena cena.
Lunes 8 de julio
Empecé el día visitando mi alma matter, London Business School. Ahora tiene un nuevo edificio en la avenida principal. Casi no hay estudiantes (es el verano) así que la puedo visitar sin sentirme tan observada y fuera de lugar. Me identifico como exalumna, y me dan una cálida bienvenida. Me reconecto con el orgullo de ser parte de esta comunidad, todos bien vestidos, con acentos de todo el mundo y con muchas ganas de hacer grandes cosas. Me siento un “proud alumni”.
Salimos hacia medio día hacia Wimbledon: lo hacemos usando el tube, ya que es un viaje directo y mucho más eficiente, comparado con el tránsito de la ciudad. Conforme nos acercamos a nuestro destino, los pasajeros que se van uniendo a nuestro vagón rumbo a Wimbledon suma euforia y anticipación. Dejo a Papá en la entrada, y lo veo entrar a cumplir su gran sueño.
Llega el momento de volver a Londres, y de recoger a mi papá en Wimbledon bajo la lluvia y miles de asistentes. Un día muy pleno para ambos.
Martes 9 de julio
Acompaño a papá a Wimbledon; lo dejo encaminado y más seguro para su segundo día de tenis. Yo me saboreo las horas de libertad en Londres para mí misma… Inicio en el Victoria & Albert Museum, uno de mis lugares favoritos, como lo es el Franz Meyer en México, con su colección de “cosas” bonitas… de todo el mundo, y de todas las épocas. Encuentro novedades también en la museografía, con videos interactivos que te enseñan a hacer reverencia ante la Reina, o cómo se pone el kimono.
Me sigo con el museo vecino, el Museo de Ciencias Naturales, a saludar a sus dinosaurios y recordar que hace 9 años estuve ahí con Jackie, en la celebración de los 50 años de LBS. Para entrar al museo, me tocó hacer una larga fila bajo el paraguas.
Como siguiente paso encuentro un rico restaurante italiano. Mi escape natural a la dieta limitada del inglesa…. Continuo caminando, hasta que decidí montarme en un double deck red bus y regresar a casa. La siesta más disfrutada del viaje…. Despierto para guiar a papá en su regreso a la ciudad (con toda la gente que visita a Wimbledon y sale al mismo tiempo, es imposible planear que nos veamos ahí). Igual lo encuentro dentro del metro al bajarse del vagón. Y todavía tuvo energía para irnos a cenar por ahí…
Miércoles, 10 de junio
Ha llegado el final de nuestro viaje, y un día de muchas horas… Salimos para nuestro último paseo…. gracias a Dios no llueve. Empezamos por la colección Wallace, que es un palacete privado con una colección riquísima de arte europeo. Agradecemos a Chayo y Benja que nos lo hayan recomendado.
Nos sentamos a tomar un “cream tea”y continuamos caminando a Oxford Street. Papá está adolorido, así que decidimos montarnos a un tour “hop-on/hop off” por la ciudad. Esto nos permite estar sentados un par de horas, haciendo turismo sin caminar. Algo fresco el camino, pero sirve de una manera de decirle adiós a Londres…
Hacemos una última parada en un pub (donde todos se preparaban para ver el partido Inglaterra-Holanda de la Eurocopa), y tomamos al finel taxi al aeropuerto… Inicia el regreso. Ahora lo hacemos con más consideraciones a la salud de papá, con silla de ruedas. Concesiones para pasar migración, y los pequeños lujos de viajar en clase más privilegiada: Lounge en el aeropuerto y viaje en horizontal (¡oh maravilla!) de vuelta a casa. Marcin nos recoge en el aeropuerto a las 3am y estamos en casa.
Reflexiones finales
Este viaje, de a poco, me ha conectado con la fragilidad de Papá, de sus pasos cortos y más titubeantes. En su persona veo en el mismo momento la fortaleza del líder de esta familia, de opiniones fuertes, el Sabio de la familia, al que los tíos acudían para consejo y decisiones importantes.
También lo veo haciéndose más pequeño en su propio cuerpo, lo veo más temeroso en sus pasos, en su voz y sus decisiones. En lo que significa aceptar (a pesar suyo) mi brazo para cruzar la calle, para bajar las escaleras. Esos momentos me llenan de amor y de agradecimiento al padre tan fuerte, tan optimista, tan positivo que siempre ha sido.
La confianza tan irresoluta que tiene de quién soy, de lo que puedo lograr, de lo orgulloso que está de mis logros. Qué regalo tan grande es poder, aunque sea una pequeña parte, devolverle esa confianza en estos días de convivencia.